El flamenco congelado

19 05 2009

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El baile flamenco se podría definir de mil formas y seguro que todas ellas serían válidas. María Alonso, de España, interpreta que “el baile es fuego y son alas; coraje y alma. Son las piernas, los brazos; las manos, los pies. Es el taconeo, ese ritmo clavado en el suelo; las raíces crecidas del arte flamenco, que se agitan sobre la tierra, que se sacuden y claman al cielo la pasión gitana”.

Pero no sólo es el baile, sino los complementos como son los mantones de manila o las batas de cola, esos trajes impresionantes que llevan habitualmente las mujeres que lo practican. Además de los tacones, pieza indispensable para que el flamenco se convierta en espectáculo. En Bailaora, la exposición del fotógrafo Daniel Muñoz Pantiga, ubicada en la sala La Nau del Centro de Cultura Contemporáneo de Elche, L’ Escorxador, podemos apreciar la figura femenina en plena acción, resaltando su imagen fuerte, valiente, de artista de pura raza. En este caso, ese ímpetu, ese arte flamenco se para, se queda congelado para ser fotografiado.

En esta colección se recogen 29 instantáneas que componen el gran archivo fotográfico de flamenco contemporáneo que está recopilando Muñoz Pantiga desde hace diez años. Este joven fotógrafo madrileño, director de fotografía de la revista online Flamenco-World.com, ha capturado millones de imágenes de flamenco en vivo en los principales festivales especializados en el género, desde Sevilla a Jerez, hasta Madrid, Barcelona o Londres… Por su objetivo han pasado Eva Yerbabuena, Manuela Carrasco, María Pagés, Merce Esmeralda, Isabel Bayón, Rocío Molina, Pastora Galván, Fuensanta la Moneta o Sara Baras entre otras. Rostros, algunos conocidos, otros no, que se pueden contemplar en esta y otras exposiciones del artista.

Todas estas grandes bailaoras aparecen retratadas en los momentos cúlmenes de su actuación, cuando más fuerza necesitan para expresar. La figura masculina tiene poca cabida en esta exposición, ya que el autor quiere resaltar, sobre todo, la fuerza interna y externa de la tradicional bailaora de flamenco, esa mujer que lleva el arte en sus venas. Además, el valor añadido de todas estas instantáneas es que están realizadas en directo. 

Sin duda, una exposición llena de color, de sentimiento y de todo tipo de estados de ánimo que quedan capturados en imágenes, dejando que el flamenco quede congelado para poder observar con mayor precisión lo que sienten estas bailaoras cuando están en un tablao flamenco y empiezan a escuchar el ritmo de la música. Y es que, como dice Muñoz Pantiga, “fotografiando baile se vive muy de cerca todo lo que sucede en escena; porque si allí no sucede nada, no hay foto”.

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